El pasado se va, el progreso avanza en nuestro barrio


L.R.- A hora que la piqueta arrasaba con edificios históricos -la ferreteria «Ferrari», siguiendo el impulso de los años ’70, cuando una reforma del código de edificación posibilitó que se construyeran innúmeros edificios de altura en una zona tradicionalmente residencial, de casas bajas y luminosas, y desaparecieran locales como la vieja droguería de “Endelman y Gallino», ochava noreste; el restaurante de la vereda de enfrente, ochava sudeste, tradicionalmente utilizado por adherentes del radicalismo; la antigua casa de artefactos y repuestos radiofónicos de los hermanos Babiak, en la esquina sudoeste, sin contar con ello el local del viejo cine, luego “Galería Pronor», y, por último, un conjunto de locales comerciales.

Ahora, que el viejo empedrado -dicen que elaborado por los presos de Sierra Chica en los primeros años del siglo no se extiende, extrañamente parejo, con su boulevard en el centro, y una platabanda destinada al tranvía que nunca llegaría, otra ciudad se apresta a festejar los años de su fundación. Caen paredes de barro más antiguas que la propia ciudad y cae la memoria de un pueblo que se fue construyendo con el cariño de los inmigrantes. Pero nada se detiene. Ni siquiera los viejos lugareños para observar como el polvo y el espanto cubren la vereda y transforman en recuerdo lo que fue algo vivo y palpitante. Es el progreso que avanza


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