Las PYMes, auténticos focos movilizadores de la microeconomía


p/LR.- La situación económica por la que atraviesa la República Argentina en los últimos años  advierte una vez más de la imprevisión de los  sucesivos gobiernos anteriores en materia de exportaciones -tradicionales o no- en el marco de un mercado globalizado, con creciente interés por la apertura hacia  nuevos vendedores.  Lo que trae aparejado el  deterioro del ámbito productivo, sin incentivos  para producir ni para comerciar en conjunto y  una competencia feroz, con importación de insumos  económicos y por lo general de buena calidad, arribaremos a la conclusión de que todo esto ayuda  a empujar a nuestra economía por el despeñadero.

Si  nos incorporamos al cosmos de los países exclusivamente importadores y desechamos la posibilidad de insertarnos realmente entre las grandes potencias a partir de fuerte presencia agraria, de la conformación de cooperativas, mutuales o agrupaciones contenidas por leyes de fomento y participación que recuperaran el espacio perdido. En épocas pasadas u durante muchos años, el país de los cereales importó tradicionalmente su aceite comestible  desde España e Italia; los jabones y perfumes de Gran  Bretaña o Francia; el hierro y el acero de diversos mercados corporativos

.  Muchos y variados son los antecedentes que pueden  rescatarse de los errores del pasado entre los cuales cabe anotar la falta de firmeza para encaminar una balanza de pagos que dificilmente se movió de la aguja del debe. Por otra parte, ¿a quién podría beneficiar que nuestro país se convirtiera en uno de los líderes de los mercados mundiales, a favor de su potencialidad, la feracidad de sus tierras y la inteligencia de sus científicos?

En nuestra comuna, citemos por caso, una  fábrica productora de caños cesó de producir y su personal quedó, como vulgarmente se dice, “con los pies  en la calle”. Sin embargo, los propios obreros se rebelaron positivamente contra el cierre de una planta operativa en condiciones de competir en el mercado interno y proyectarse en el internacional. No buscaban reeditar, en medio de la crisis, viejos esquemas: necesitaban llevar comida para sus hijos. Y del acuerdo entre  patronos y obreros, surgió la autogestión mediante la  consolidación de un aval de continuidad en forma de  arrendamiento temporario.

La experiencia, en el corto  lapso, ha sido exitosa y prueba que hay innúmeros caminos que se pueden y deben intentar, con  apoyo del Estado en cuánto a fomentar la incorporación  de nueva tecnología mediante créditos blandos y busca  de mercados.

Sólo las PYMes, auténticos focos movilizadores de la  microeconomía, lograron iluminar el oscuro panorama  de la Europa de posguerra y no por nada siguen manteniendo vigencia casi sesenta años después. Hay que insistir una vez más: llegó la hora de la batalla para ganar  mercados y hay que hacerlo ahora, en este instante, porque ayer fue primavera, hoy estamos en otoño y el invierno parece cercano y seguramente muy frío.


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