La Historia se repite. El arduo camino de la paz


Los acontecimientos que marcan la vida del mundo han producido distintas reacciones en las personas. Los medios de comunicación nos han acercado la realidad con fotos, imágenes, mapas, infografías, etc. También nos han acercado la opinión de dirigentes y de las gentes sencillas.

Esta situación ha provocado una reacción en el pueblo creyente, especialmente en el campo de la oración de petición: he podido constatar en todas las comunidades que recorrí en estos días como se pide a Dios por el don de la paz. En las intenciones de las misas, en la oración de los fieles, se multiplican los ruegos por la paz. Se han realizado jornadas de oración especiales para este fin. Muchos son los jóvenes qiue inician la oración de rosarios continuados y también hay colegios que ofrecieron a sus alumnos la posibilidad de reflexionar sobre esta situación: han surgido plegarias para que se encuentren los caminos de la paz.

Incluso me ha tocado participar de charlas y conferencias en ambientes no religiosos, quienes aceptaron con mucho gusto la propuesta de un rato de oración por la paz.

La paz se un bien arduo, que como don de Dios a los hombres se alcanza con oración, paciencia y esperanza.

Jesús nos dijo en las Bienaventuranzas: ¡Felices los pacientes, porque recibirán la tierra en herencia! (mt. 5,4) ¿Por qué habrá llamado el Señor “felices” justamente a los pacientes? Porque nos se trata de una paciencia “pasiva” -un cruzarse de brazos para ver que pasa- sino, al contrario, de una paciencia “activa”. No es de esperar que la paz llegue simplemente por una solución externa a nosotros. Sino que, cuanto más nos parece lejana la realidad de una paz estable y duradera, más nos tenemos que empeñar en pedirla y construirla.

Es como aquél que se dispone con todas sus fuerzas a solucionar un problema. Pide luces a Dios y utiliza toda su creatividad para poder alcanzar esa solución tan deseada. A veces esto demora mucho tiempo. Pero el transitar ese tiempo con una oración fuerte y una paciencia “activa” es iniciar un camino de solución. Esto es lo que considera el Señor fuente de la felicidad. Esta misma paciencia “activa” es el fundamento de la esperanza en que se alcanzará el fin deseado.

Una vez más nos toca ser protagonistas de la paz. No se trata de mirar por los medios de comunicación lo que pasa en otra parte del mundo, sino de comprometernos desde nuestro lugar con la oración constante y la creatividad que cada uno opueda aportar para generar esa paz duradero y estable. Para que esta paz tome nuestro interior y se expanda a nuestro alrededor.

Desde este punto de vista, el Evangelio nos propone otra Bienaventuranza. ¡Felices los que trabajan por la paz, porque serán llamados hijos de Dios! (Mt 5,9) Será entonces que esta ardua tarea nos confirma en aquello que somos en lo más profundo de nuestro ser todos los hombres de la tierra hijos de Dios y hermanos entre todos nosotros.

Aunque esto a veces parezca muy lejano, no debemos dejar de confiar que es posible vivirlo.

Jorge Casaretto + Ex Obispo San Isidro

 


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