Misceláneas de un vecino viajero


LR:   «Nunca hago películas de  relleno y cuando trabajo en una, es porque verdaderamente creo en ella”, dice  casi con soberbia. Es uno de los  más grandes actores de todos los  tiempos y lo sabe. Pero nada más  lejano en Robert de Niro que la  arrogancia. Cuando debió co poner al boxeador Jack Lamota  en “Toro salvaje” se hartó de cerveza, leche, espaghettis “al dente”  y chocolate. El exceso de peso  hizo que contrajera una enferme dad coronaria en París. En “Boody  Mame”, donde componía el papel de un toxicómano, bajo arriba de treinta kilos a fuerza de        agua mineral y dos o tres galle titas secas a lo largo del día.  Enfermo seriamente y le aparecieron llagas en el rostro.  Su entrega total se manifiesta  hasta el paroxisrno: “Soy partidario de poner mayor énfasis en  el aspecto físico y el gesto del  personaje a costa de sacrificar  las palabras. A veces se dicen  muchas más cosas arqueando  una sola ceja que con diez líneas de diálogo. El cine alcanza  mucho antes la categoría de arte  con el silencio y una mirada. »  Hay que prescindir de 1o innecesario”. De Niro lo  logra de cabo a rabo.

LAS VOCES INMORTALES       S u mundo gira invariablemente en torno de un espacioso  living atestado de conos  de parlantes, vetustos  gramófonos, cornetas  amplificadoras y discos  de pasta y cera. Eje del  caótico universo es Jorge Cayetano Dinoia -tan  voluminoso como en rañable, tan fanático  como querible que se  desvela por hacer las  delicias de los visitantes a su museo mediante un regalo tan personal como intangible: voces que vienen desde  otros tiempos para aposentarse en ese comedor en una mezcla discepoliana: así Luigi  Pirandello se trenza en  un soliloquio para dos  con la Reina Victoria, y  Sigmund Freud truena  contra sus fantasmas,  mientras Oscar Wilde  entona un virtuoso romance y Einstein canta  dulcemente una ecuación.  Mil ochocientas voces  hacen el milagro y la  historia cobra vida y  nervio, mientras Dinoia,  como un atento relojero,  va dándole cuerda.  El Museo de la Palabra  -único en su género-se  halla en Luis María  Drago 2265, de Villa  Adelina.  Dinoia, el sensible eje  de esa confluencia de  ecos que deambulan en  dimensiones que trascienden la materia, se  mueve al1í como pez en  el agua.  Durante años ha intercambiado registros con  paises del todo el mundo y la mayoría respondió con admiración y  respeto.  Dinoia nunca comerció  con su reservorio espiritual. Su siembra no ha  caído en saco roto, sin  embargo. Quizá haya  llegado la hora de recoger los frutos.

AÑOS DE AGUA.-Usted no se habría sentido molesto? El descarado del  rematador le había ofrecido  terrenos en la zona más alta. Ahora lo tenía ahí, con el  agua hasta las rodillas, enfrentando una  cava tosquera. Si sería para afligirse que,  metros más allá, habla un horno de ladrillos  de unos italianos que no sabian ni jota de  castellano. Ahuyentaban a tiros al que se  acercara corrido por los perros. Ese  andurrial era La Boca, cuya parte solitaria y de tierra castigada por el abuso,  ofrecía una torre que decoraba el paisaje y lo hacia más triste y burlón.  -Cosa ‘e gringos- dijo el agrimensor.  Era cierto, nomás.  -Este es el barrio de las ranas, donde rió el  carretero que lo había depositado a dos  leguas del cementerio.  Más allá comenzaban las quintas. Había  lagunas, pozos hondos en donde se  desculaban las chatas y blasfemias a la  orden del día. »

 

SONRISAS.-  El chacarero se encontró en el camino con el chacarero  amigo y se pusieron a hablar de sus respectivos asuntos. Y  uno de ellos dijo:  -Estoy muy preocupado porque se me enfermó el parejero.  Creo que tiene lo mismo que tuvo su alazán…, ¿recuerda?  -Si es lo mismo -replicó el otro se trata de un cólico agudo.  -¿Y qué le dio usted a su alazán en aquella oportunidad?  -Trementina replicó el otro.  Poco después se despidieron y no volvieron a encontrarse  hasta cinco días más tarde. Y el dueño del parejero se acercó  furioso al dueño del alazán y le dijo:  -El otro día cuando lo encontré le dije que tenía el parejero  enfermo. ›  -Recuerdo: cólico agudo, si la memoria no me es infiel  repuso el otro.  -Eso mismo. Y usted me dijo que a su alazán le habla dado  trementina cuando tuvo cólico. Yo fui a la chacra, le di  trementina a mi parejero y se me murió…  Y el otro chacarero replicó inmutable:  -Mi alazán también.

¿ RECUERDA?.- ¡Te voy a matar, infame,  te voy a matar, maldito, /te  arrancará las entrañas y haré de ellas picadillo  ¡Te perseguiré hasta el fin y aunque huyas despavorido,/  te metas donde te metas/ juro que he de dar contigo!  Y entonces ¡oh, vil entonces/ con este odio infinito/ que  prolonga mis diez dedos/ en otros tantos cuchillos, I te  aplastaré entre mis manos, te arrojaré contra el piso,/ y  saltaré sobre til con mis noventa y seis kilos.  Eso mismo es lo que haré/ ¡oh, miserable mosquito!! si  no me dejas dormir con tu maldito zumbido.  “Amenaza”, Tomás Elvino Blanco, 1946.

MEMORIAS DE UN CLASICO.–  Tras de recorrer el  » mundo dando con ciertos, he llegado a  la conclusión de que  es  mucho más importante  vivir. Y, para mi, vivir es  estar y ver cómo  crecen y descubrir también  cómo se desarrollan mis  árboles y dedicar tiempo a la  cerámica, a la escultura, a  leer a observar a la gente, a  ir a las compras con mi mujer…  La gente ahora está harta  de escuchar canciones sin  grandes mensaje. Con Serrat o Mocedades dicen: ‘¡Pero si  esto está muy blen¡’. Y se suben al carro de los  que ya somos clásicos”.  A sus años, José Luís  Perales, cantante español de  reconocida fama, entiende  que llegó el momento de  reflexíonar. En la elección,  triunfó la familia. Y así como  reconoce que los escenarios  significan borracheras de  gloria”, concluye con una rotunda afirmación que no  necesita de mayor elocuencia:  “Yo no ejerzo ni de rico ni de  millonario ni de artista”.  Por supuesto, su pasatiempo,  entre tantas mieles familiares, es cantar libre como  un pájaro, pero sujeto a la encantadora  dictadura del «hogar, dulce hogar».

 

 

Mi entrada a la música, a esa música  en cuya sugestión he recorrido  después todos los caminos del mundo,  se produjo a los tres años más o  menos. El recuerdo es claro y definido a pesar  del tiempo transcurrido y de mi corta edad de  entonces. Fue en la escuela de mi padre durante  una fiesta. Veo el piano grandote en el escenario  improvisado, veo a mi padre dándole vueltas al  taburete hasta llevarlo a la altura máxima, me  veo sentada en aquel asientito con un almohadón  encima y mis manos chiquititas sobre el teclado…  Yo era, y que Dios y los vecinos de Basavilbaso  me perdonen, una nenita prodigio: por eso me  habían puesto allí, para asombrar al público  tocando el <<alla turca>> de Mozart. Desde las  ocho de la mañana esperaba turno… /Y eran las  doce/ Y allí estaba yo, tres años retacones,  gordita como una bola, aporreando teclas frente  al público… Pero, de pronto, dejé de tocar, me di  vuelta y me puse a llorar… conmoción en el  patio escolar y mi padre que corre hacia mí para  saber qué ocurría con su nena… Y yo, llorando,  que digo en mi media lengua: <<teno  hamble…quelo comel>> . ¡Quépapelón!, pero  así comienza mi historia musical”  RICARDO HORVATH ‘  “Memorias y recuerdos de BLACKIE”  (Colección “Todo es Historia «, 1979)

 


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