Centros Culturales de la Ciudad para los vecinos


p/ La Región.- En los últimos años han proliferado los espacios artísticos que han dado en llamarse Centros Culturales.

Nacen de la formación de grupos comunitarios con las mismas inquietudes. Son de gran convocatoria vecinal y permiten desarrollar el talento de sus participantes, definir vocaciones y mantener una relación inclusiva con los vecinos que adhieren a esta iniciativa.

Coincidimos en que son lugares donde surge y se desarrolla la cultura popular por medio de talleres, experiencias conjuntas, expresiones artísticas, en fin, todo lo inherente a su función cultural en su más amplia gama, bajo el denominador común del desarrollo de actividades conjuntas.

En clubes de barrio, bibliotecas, escuelas, talleres, se originan grupos independientes, populares e inclusivos sin fines de lucro.

«Los Centros Culturales funcionan como espacios de interacción comunitaria. En ellos se brindan talleres artísticos, se crean medios de comunicación, se desarrollan espacios de educación popular, y se les brinda espacio a distintos artistas o colectivos artísticos para mostrar su arte. La finalidad no es el lucro, ni la mera difusión de expresiones artísticas, sino la participación de los vecinos como protagonistas en la producción de cultura popular», sostienen los fundamentos de la iniciativa sobre los Centros Culturales.

Fundamentos de la ley

La normativa surgió a partir de la necesidad de darle un marco legal a la habilitación de centenares de espacios culturales que funcionan en la Ciudad de Buenos Aires.

Sancionada con el consenso de todos los bloques, la ley define como Centro Cultural el espacio no convencional o experimental y multifuncional en el que se realicen manifestaciones artísticas de cualquier tipología, que signifiquen espectáculos, funciones, festivales, bailes, exposiciones, instalaciones o muestras con participación directa o tácita de los intérpretes o asistentes.

En dichos establecimientos pueden realizarse ensayos, seminarios, charlas, talleres, clases y/o cualquier actividad de carácter formativa relacionada con todas las manifestaciones tangibles e intangibles del arte y la cultura. Dichas actividades pueden ser realizadas en cualquier parte del establecimiento. La actividad de baile no podrá ser la actividad principal de los Centro Culturales.

Los Centro Culturales a partir de esta ley son clasificados en cuatro categorías según su capacidad de asistentes. El Centro Cultural «Clase A» podrá recibir hasta 150 personas; el «Clase B» de 151 a 300 personas, no pudiendo ser la superficie de piso mayor a 500 metros cuadrados; «Clase C» desde 301 hasta 500 personas, no pudiendo ser la superficie de piso mayor a 1000 metros cuadrados y «Clase D» aquellos que superen las 500 personas con una superficie de piso mayor a 1000 metros cuadrados.

Además deben inscribirse en el Registro de Usos Culturales, dependiente de la Subdirección de Regímenes de Promoción Cultural de la Dirección General Técnica Administrativa y Legal del Ministerio de Cultura, y presentar un informe anual de las actividades que se desarrollaron en cada espacio.

Otros aspectos que regula la ley son: algunos usos accesorios como la venta de libros y discos, galerías de arte, entre otros; la venta de bebidas y alimentos; la accesibilidad; los planos, mobiliario y escenario; ventilación e iluminación; instalación eléctrica y primeros auxilios.

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