El clásico Boca – River y la falta de memoria


Marta Victory p/la Región
Alguien dijo alguna vez que nuestro peor defecto era la falta de memoria. Evidentemente tenía razón.
No alcanzó lo terrible de Cromañon para que se acabara con las bengalas y aún hoy, se siguen provocando accidentes por la irresponsabilidad o estupidez de la gente.
Haciendo memoria
No alcanzó la tragedia de la puerta 12, ocurrida en River, el 23 de junio de 1968, uno de los hechos más luctuosos de la historia futbolística.
En este partido, un clásico en el que empataron ambos equipos y que no tuvo, por el resultado obtenido, muestras de entusiasmo desmedido, fue, donde al finalizar, se desencadenó el infierno.
Cuando  los hinchas de Boca empezaron a deshabitar la tribuna Centenario alta, que era la designada para los visitantes, la Puerta 12 –ahora la llaman el sector L- estaba cerrada.
Nunca nadie pudo explicarlo, nunca hubo culpables, sólo se sabe que el pánico hizo que la gente se agolpara contra la puerta en una avalancha imparable.
Resultado: Se perdieron 71 vidas en su mayoría gente muy jóven.
Hoy
El estadio de nuestro club «Boca Juniors», la emblemática Bombonera, fue clausurada como consecuencia de los graves hechos ocurridos durante el desarrollo del superclásico con River por los octavos de final de la Copa Libertadores de América y que fueron de público conocimiento.
«La cancha de Boca está clausurada. En el transcurso del día será inspeccionada» fueron las palabras  del Fiscal General de la Ciudad de Buenos Aires, Martín Ocampo.
También fueron secuestradas las camisetas de los jugadores involucrados y la manga utilizada en el estadio y donde fueron atacados con gas pimienta los jugadores de River; Leonardo Ponzio, Lionel Vangioni, Jonatan Maidana y Ramiro Funes Mori, quienes sufrieron quemaduras de primer grado y queratitis óptica. Por lo cual, el partido fue suspendido al final del primer tiempo con el marcador en cero.
Ya están identificados algunos de los culpables y, es ahora el momento en que la justicia debe actuar con todo su rigor. Nadie tiene derecho a poner en riesgo la vida de los demás.
En un país de desmemoriados como este, solo el castigo puede dejar su huella. Somos hijos del rigor. Debemos aprender a respetar y a respetarnos . Lo necesitamos como sociedad

 


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