Ringo, el “héroe” del barrio (parte 2)

 

Por Marta Victory p/ La Región.-

Si bien era boxeador, Ringo había pasado a formar parte del Jet Set porteño.  Por su carisma especial logró que la gente se identificara con el muchos aspectos, y eso lo convirtió en un personaje popular.  Se desempeñó como cantante, hizo teatro, participaciones de  T.V. y fotonovelas. Llegó un punto donde era celebrado más como showman que como boxeador. Era reconocido como par por figuras de la talla de Mirta Legrand o Libertad Leblanc  y era aceptado en lugares exclusivos para estrellas de la farándula, aunque no de élite, porque el tenía un perfil más bien popular. Además, concurrí a todos los eventos que pudiera, en busca de prensa, hecho que retroalimentaba su fama

Fue el octavo hijo de los nueve que tuvieron Vicente Bonavena y Dominga Grillo, cabezas de una familia muy humilde que en ocasiones rozó la pobreza.  Su familia, y en especial su madre Dominga, fue el motor de su vida. Ya desde niño cumplía sus caprichos y agudizaba el incendio para hacerle un disfraz que pudiera lucir en los carnavales pese a la mala situación ecónomica que atravesaban. Se preocupaba por su hijo y hasta lo cargaba en brazos hasta el hospital Penna para que lo trataran de sus pies planos, a la edad de 11 años y pesando ya 60 kilos. Dominga era una madre abnegada y Bonavena reconocía sus sacrificios y era objeto de adoración pública : “ La madre es la base de la familia y la familia es todo: unión, respeto, felicidad…”

Tenía un vínculo muy estrecho con su familia, aún con su padre, al que no le gustaba el Boxeo.

La desfachatez de Bonavena, su frescura y su toque de fanfarronería lo hicieron un personaje popular. Su histrionismo le abrió las puertas a un nuevo mundo: el espectáculo

Sin tener grandes talentos o una formación artística, pudo entrar a trabajar en el universo de la farándula, e incluso acuño varios millones.

Trabajo en el teatro de revistas junto a Zulma Faiad y el Pato Carret. Pese a tener una voz finita, grabó un tema musical (Pío Pío Pá) que escribiera para él Palito Ortega, lo que le permitió salir de gira como cantante. Y participó en el disco de la banda uruguaya The Shakers, a la que se conoce como una de las primeras agrupaciones rockeras.

Su popularidad era tal que llegó a actuar en tres películas (Los chantasPasión dominguera y Muchachos impacientes)

Además, escribió en Satiricón, desfiló como modelo en Michelangelo, cantó en el Nacional, contó chistes en Clubes, fue premiado como “Rey de la Noche” en Rugantino y fue estrella de televisión con Horangel, Tu Sam o donde hiciera falta que alguien animara un show.

Ringo, así le decían

Bonavena- que eligió apodarse Ringo gracias a una humorada de una chica que lo comparo con el Beatle, en pleno Rockefeller Center- nunca fue campeón mundial, Sus peleas más memorables fueron derrotas: contra Joe Frazier (1966 y 1968) y contra Muhammad Alí (1970, la única vez que cayó por KO).

En su categoría, como “peso pesado” registra 58 peleas ganadas, nueve derrotas y un empate. Derribó en el ring a Frazier y a Alí. Fue asesinado y hallado en las afueras del burdel Mustang Ranch, de Reno, Nevada.

La multitud que lo recibió en Ezeiza y que asistió a su velorio desafió la prohibición de congregarse masivamente en espacios públicos dispuesta por la entonces reinante dictadura militar bajo la que se encontraba el país. No caben dudas: Oscar Natalio Bonavena, alias “Ringo”, era un tipo querido.

Pero, si nunca fue campeón y su carrera deportiva no fue gloriosa ¿Cómo hizo para alcanzar la popularidad de sus compatriotas Carlos Monzón, Víctor Galíndez o Nicolino Locche?  ¿Qué tenía Ringo que los demás no tenían?

Carisma + personalidad + aprovechar las situaciones fue la fórmula que utilizó el boxeador para hacer de si mismo, un producto.

Mientras los otros boxeadores se concentraban en sus carreras deportivas y sus declaraciones a la prensa eran breves, Ringo se había convertido en un personaje que llamaba la atención más allá de lo deportivo. No le daba vergüenza nada y utilizaba cualquier recurso o hecho para incursionar en los medios. Y lograba empatía con el público, que supo querer a la persona que había tras el deportista.

Fue mediático aún varias décadas antes de que se utilizara el término  tal como se lo conoce en la actualidad para referirse a esas personas que sin poseer mayores talentos, logran aparecer y permanecer en los medios de comunicación, son reconocidos y gozan de una dosis de fama que nadie sabe a cierta ciencia si se la merecen o no, pero que igual poseen.

“No bastan las trompadas, por más fuertes que sean, para atraer al público a una pelea”, decía. Es que había entendido el secreto del éxito: El marketing. Él mismo lograba hacer la mejor publicidad para sus peleas, más efectiva que cualquier promoción publicitaria pautada en los medios. Antes de cada encuentro, se dedicaba a provocar  y defenestrar a sus rivales, insultándolos del modo que le pareciera más conveniente, tratándolos de miedosos ante cuando micrófono o grabador  le pusieran delante.

La estrategia publicitaría que tenía a la “transgresión” como herramienta principal, la había copiado nada más ni nada menos que de Cassius Clay, en el tiempo que vivió en Estados Unidos. Había observado como el boxeador irrumpía en el entrenamiento de sus rivales para insultarlos. Bonavena adaptó la técnica a su propia personalidad. Años después, Ringo provocaría al mismo Mohamed Alí para conseguir una pelea contra él.

Si viviera, hoy Ringo Bonavena sería sin dudas una estrella pero no precisamente por su carrera deportiva, sino por el derroche de personalidad afable, simpática y un poco fanfarrona. Y por el manejo de los medios de comunicación, juego del que conocía las reglas a la perfección.

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