Miscelanea barrial para leer y releer

 

LR.-

NOSTALGIAS del barrio

¿Qué habrá sido de aquellos carritos que vendían helados “Noel” por los solitarios parajes de la Barracas? ¿Y qué de aquellos armónicos gritos de “¡helaaadoooooo! que interrumpían las siestas estivales con la oferta del exquisito producto? ¿Y alguien sabrá porque nadie, después, pudo lograr el sabor delicioso de los cucuruchos bañados “Kelado” ni las barritas “Smack”? Las preguntas quedan flotando en el paladar con el sabor dulce de las cosas que fueron.

¡AQUELLOS LIBROS!

Hay gente que sale del laberinto de la realidad por abajo y se mata. Casi todos ellos pertenecen a la generación anterior a la televisión, cuando predominaba la palabra. En aquellos tiempos la imagen de una persona se levantaba ante los demás con gestos y actitudes nobles por los que era recordada y reconocida. Sobre esa base de palabras dadas y cumplidas se construía la dignidad, el atributo sustancial para alcanzar una vejez orgullosa y en calma. La dosis de fantasía que aportaba el cine o que estimulaban los programas de radio contribuía a mantener el equilibrio de la razón.

Fue entonces cuando llegó la televisión y mirarse a los ojos pasó a ser un simulacro. Las voces de la familia, del barrio y de la sociedad se interferían en el camino con las que salían de esas caras que hablaban desde el aparato.. Todo empezó a juzgarse por lo que se ve. Y lo que se ve es cartón pintado, pelo teñido, piel estirada, diente arreglado, nariz operada, risa forzada, maquillada.- Carlos Ares (“La Imagen”, 1992)

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