Las familias de nuestra comuna también enfrentan problemas con la juventud

 

MV p/LR.- .-En qué nos equivocamos? ¿Cómo permitimos que se nos fuera de las manos este fenómeno social que hace que gran cantidad de nuestros jóvenes se autodestruyan en una actitud que va contra los instintos más arraigados del hombre? ¿Por qué se encuentran sin proyectos ni ideales que los impulsen en la búsqueda de un futuro mejor? ¿Dónde empezó este proceso? ¿Fue quizás en el momento en que la familia empezó a disgregarse en aras de necesidades económicas reales o ficticias, creadas, en algunos casos  por el consumismo y el status?

  Si se trata de culpas, todos somos culpables como miembros de la sociedad, ya sea por negligentes o por indiferentes. Nadie puede tirar la primera piedra, ni siquiera aquel que dice: “¡A mí no me pasó!.”

  Algo falló en el mensaje.  Quizás el paso de las generaciones volcó en ellos sus propias desilusiones y fracasos, o simplemente, no supimos enseñarles el camino.

  No importa, estamos aquí y hay lo que hay.

  Y es a partir de esa realidad que padres, educadores, profesionales y autoridades deben extremar los esfuerzos para hallar el rumbo que nos lleve a concientizar a la juventud que nada está perdido. Que todo puede ser mejorado a partir de ellos mismos. Que deben unirse para construír y no para destruírse. Que la vida propia y la del otro son valiosas y deben ser cuidadas.

  Va a ser difícil, pero no podemos considerarlo imposible, porque si bajamos los brazos y dejamos que vidas jóvenes se sigan truncando estamos apostando a un “sin futuro”.

  Muchas son las mentes brillantes que, cada una en su área, pueden aportar posibles soluciones a mediano plazo. Es a ellas a quienes debemos recurrir sin demora para que nos enseñen la mejor forma de comunicarnos. El tiempo urge.

  Las prohibiciones y represiones son solo remiendos temporales cuya reacción puede ser el efecto contrario al buscado.

  No hay fórmulas mágicas. Sólo aprendiendo a “honrar la  vida” puede terminarse con la agresión, la furia y la evasión que conllevan a la dependencia, la degradación y la destrucción.

  Esos jóvenes, casi niños, son un producto nuestro, no podemos mirar para otro lado.

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